Nadie mejor que Vega Arango puede saber lo que fue Jose Manuel para el Real Sporting de Gijón, por eso os dejo con su comunicado, publicado en el diario El Comercio.
CONOCÍ y seguí a José Manuel como futbolista. Le vi jugar en El Molinón desde sus inicios. Sus progresos hasta vestir la camiseta nacional en varias categorías y cómo cristalizó en un magnífico jugador de club para nuestros colores. Pero a veces la mala suerte en el fútbol se ceba en sus profesionales y sale al cruce con lo más cruel que puede pasarle a un profesional del deporte: que una lesión le aparte de su práctica. Eso fue lo que le ocurrió al bueno de Jose.
Un mal lance, una acción fortuita, y cayó lesionado de gravedad. Las paradojas de los malos hados quisieron incluso que hasta el inocente e involuntario protagonista fuera un jugador cuya deportividad intachable no ofrece duda alguna, pero así quiso el destino que ocurriera.
Vivía yo por entonces mi primera etapa presidencial en el Sporting. Desde el club no regateamos esfuerzos. Pusimos cuanto estaba en nuestra mano para intentar recuperarle. Los mejores quirófanos con los mejores médicos en los mejores hospitales, pero el futuro de José Manuel parecía ya quebrado, alejado de los terrenos de juego. La vida le había buscado ya armario para sus botas. Un cambio radical le obligaba a iniciar una nueva etapa.
Le llamé a mi despacho, entonces en la plaza del Monte de Piedad. Detrás de aquel futbolista que veía tramitada su última ficha federativa estaba un ser humano extraordinario. Yo ya lo sabía, como también sabía que podía estar ante un profesional en ciernes con capacidad para evolucionar y entrar por la puerta grande en el mundo de la gestión deportiva. Le animé y aconsejé.
Acerté plenamente. A un buen futbolista siguió un magnífico gerente, con el que disfruté durante más de una década de una relación tan entrañable como cercana, incluso calificable de íntima.
Aún le recuerdo con su mirada alegre, casi infantil, con un gesto que denotaba sus enormes ganas por aprender. Y aprendió. Se superó día a día. La sensibilidad ya la tenía él. La había acuñado desde niño, y a esos grandes valores fue añadiendo otros: aunó los propios y los aprendidos para cristalizar en uno de los grandes profesionales que haya tenido la gestión del fútbol en las últimas décadas.
Pero ni siquiera su versatilidad extraordinaria es comparable a la bondad de su carácter. Ese que nos ha dejado como imborrable recuerdo.
Siempre admirable José Manuel, amigo de sus amigos y condescendiente, bueno y entrañable con todos. Con un eterno sí en los labios, acostumbrado a dar y a ofrecer.
Se nos ha ido alguien muy grande, alguien muy bueno. No puedo negar que me emociono al escribir estas líneas.
Gracias por tu trabajo. Gracias por cuanto hiciste por el Sporting. Formas parte principal de quienes plantaron desde su corazón la semilla para que el Sporting germinara en centenario.
Hasta siempre, querido amigo, un abrazo muy fuerte.